Perspectiva UNASUR, superando el escepticismo

Estamos transitando una década de cambios en la reconfiguración del poder global, las variables geopolíticas confeccionan un mapa que acrecienta su perfil policéntrico. Nuevos polos de poder emergentes buscan protagonismo en la palestra internacional. Mientras que la crisis financiera representa oportunidades para que puedan potenciarse y reposicionarse más cantidad de actores que disputan mejorar su lugar en el mundo; se sucede en Sudamérica que muchos países van superando los impactos de la crisis con sostenidas tasas de crecimiento.

Los discursos políticos a favor de la integración con palabras concordantes desde lo que consideran muchos analistas y observadores, se presenta un escenario que tiene mucho de “aliento positivo” para Sudamérica. Un territorio donde prevalece paz y es libre de armas nucleares, con capacidad de ser uno de los bloques regionales más competitivos en materia de proveedor de alimentos al mundo y con ventajas incomparables en materia de recursos naturales y energéticos. Pese a que la desigualdad sigue siendo desde hace décadas una de las principales asignaturas pendientes para toda la región, los datos del comercio exterior nos describen una mayor diversificación de destinos de las exportaciones y datos positivos del atractivo de inversiones en la Región.

La puesta en marcha de un proyecto político de integración regional es una necesidad imperiosa para los tiempos del presente, y aceptada por diferentes corrientes políticas e ideológicas. Una Sudamérica unida en una realidad global cargada de incertidumbres, inestabilidades y crisis. UNASUR ha superado la etapa inicial y la continuidad de encuentros de alto nivel político y de indiscutida legitimidad, son tres años de lenta pero sólida consolidación institucional.

Al margen de todos los desafíos por delante y desde la incógnita de cómo resolver las diferencias para pasar de la cooperación a la integración, tal vez estemos atravezando un tiempo histórico que sea el de mayor escepticismo en la vida institucional de la Unión de Naciones Sudamericanas. El golpe de Estado en Paraguay ha significado ver una vez más que se alcanza una posición conjunta de los países miembros de UNASUR en rechazar el desplazamiento de Lugo, pero no ha podido tener resultados visibles desde el punto de vista político al imponer la “Cláusula Democrática”.

Pese a abundar titulares y reflexiones de muchos opinólogos y de gran parte de la prensa que consideran “UNASUR ha fracasado”, la expectativa de muchos ciudadanos se mantiene latente hacia seguir apostando por la consolidación del marco institucional UNASUR para el desarrollo regional.

Mucho queda por hacer en cuanto a generar proximidad del proyecto UNASUR hacia el ciudadano, y por cumplir metas establecidas en las declaratorias constitucionales y que en cada encuentro se renuevan y se incorporan más cantidad de objetivos.

Pero muchos ciudadanos no están dispuestos a ser meros espectadores y ser parte de una masa poblacional resignada al descreimiento de las dirigencias políticas y sus capacidades para llevar adelante un proyecto de integración regional consistente y con proyección futura. Emerge mucho interés y entusiasmo por saber del rumbo de la integración regional, en especial en las nuevas generaciones. Emerge entusiasmo en la ciudadanía hacia una línea de interpretar positivamente el proyecto UNASUR al punto de alcanzar una posición  que supera el escepticismo.

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